lunes, abril 24, 2017

Día de Letras en Cáceres


Con motivo de la festividad de San Isidoro de Sevilla, patrón de mi Facultad, se celebra este miércoles 26 de abril el Día de Letras en Cáceres. En el Instituto de Lenguas Modernas (Avda. de la Montaña, 14), por la mañana, desde las diez hasta la una, un grupo de profesores ofreceremos unas «micro-conferencias» de quince minutos cada una sobre asuntos de nuestro ámbito de estudio dirigidas a alumnos de los institutos de Enseñanza Secundaria de la región. Alfonso Pinilla García («Historia y superhéroes Marvel. Un análisis de los atentados del 11-S desde el cómic»); Juan Carlos Iglesias Zoido («Una tablet en Pompeya»); Ana Belén García Benito («Dos jugadores y un tablero es todo lo que necesitas para trabajar la lengua y la literatura portuguesas»); José Julio García Arranz («El cine dentro del cine: el caso de Star Wars Episodio IV. Una nueva esperanza»); Francisco García Fitz («Monstruos S. A.»); Miguel Ángel Lama («Cruel belleza la poesía»); Felipe Leco Berrocal («Geografía. El abecé de las Ciencias Sociales»); Manuel Sánchez García («Cómo insultar en inglés»); y Carmen Galán Rodríguez («Del bisonte al WhatsApp o la historia de la escritura a través de la imagen»). Por la tarde, a las 20:30, y tras la entrega de reconocimientos a personas especialmente destacadas de la Facultad, el escritor Luis Landero dará una conferencia titulada «Devaneos de escritor». Se clausurará la jornada con un concierto del grupo musical Son del Rosel. La entrada será libre, hasta completar el aforo del salón de actos del Instituto de Lenguas Modernas.
Presentación de El balcón en invierno en la Biblioteca Pública de Cáceres. 
Con Gonzalo Hidalgo Bayal. 15 de octubre de 2014

viernes, abril 21, 2017

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes


Tengo asociados los discursos del Cervantes a un día de fiesta. En realidad, lo es; pero me refiero a que casi siempre los he seguido en directo desde casa porque coincidían con el 23 de abril, que es fiesta en Cáceres. San Jorge. La entrega del de Ana María Matute se celebró un 27 de abril de 2011 porque el 23 fue Sábado Santo; ahí es nada. Y otros años, en 2000 y 2006, porque coincidía en domingo (?), cuando lo recibieron Jorge Edwards y Sergio Pitol. El discurso de Mendoza me ha sorprendido en jueves, día laborable, un 21 de abril, cuando yo hablaba en mi última clase de este curso sobre algo parecido a lo que ha dicho Mendoza, que «Una novela es lo que es, ni la verdad ni la mentira», y que esto no lo comprende todo el mundo. Por ser en diferido, el discurso de Eduardo Mendoza no ha perdido nada de su autenticidad y hondura. Ha sabido reivindicar el humor, su género —yo no lo habría dicho así—; y ha acertado con recordarnos que las nuevas maneras de la tecnología no cambian nada —lógico— el abismo ante la página en blanco. La televisión debería sacar más al protagonista, a Eduardo Mendoza, y no demorarse tanto en el auditorio, en esos rostros artificiales y plásticos de quienes se saben observados, desde sus majestades graciosas, ministros y lacayos, hasta la representación del claustro universitario de la de Alcalá de Henares, con su paraninfo lleno. «La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo» (Eduardo Mendoza). Parece que este 23 de abril de 2017 también cae en domingo.

martes, abril 18, 2017

El escalerista


Lo conoció en el Metro de Madrid y se suponía que estaba allí para arreglar la avería de una de las escaleras mecánicas de la estación de Sainz de Baranda. Aguantaba con profesionalidad los comentarios de un encargado que le hablaba de lo que llamaba el atraso de la modernidad y de cómo, finalmente, la escalera de toda la vida es la que no falla nunca. La que no depende de nada más que de su propia sujeción. La que no se mueve. Fue entonces cuando escuchó al operario preguntar al molesto supervisor si había leído a Cortázar. ¿A quién? El escalerista no respondió y siguió manipulando en las tripas de aquel enorme dispositivo que todos los días transportaba a miles de personas para sacarlas a la superficie de la ciudad.

domingo, abril 16, 2017

Glorias de Zafra (XV)


Mis amigos poetas se reían. Si no hubiese sido por las circunstancias, se habrían reído más. Mi madre muerta y tanto poeta vivo risueño. «—Ni en el entierro de su madre descansa el crítico», vino a decir uno. Era verdad. El cuerpo de mi madre estaba allí, en su arca de madera color roble, rodeado de todos los suyos, de mucha gente, mientras el párroco de la Iglesia de San Miguel de Zafra, José Ángel Losada Gahete (Granja de Torrehermosa, 1959), dejaba el hisopo tras bendecir el féretro a las cinco y veinte de la tarde y con la misma mano me daba, como el que pasa una mercancía ilegal en un lugar concurrido, un sobre que contenía tres libros de poemas por él escritos. Habíamos quedado en ello antes —premeditación—; pero no me esperaba que fuese a dármelos con la casulla puesta —alevosía— y delante de una madre que se habría sentido orgullosa más por descubrir en su sacerdote a un poeta que por tener a otro hijo lector. En serio, yo, como lector de mucho de lo que por aquí se escribe, y con veleidades de bibliógrafo de escritores extremeños, también me siento orgulloso de conocer nombres como el de José Ángel Losada, autor de —que yo sepa— tres entregas poéticas: Avisos a náufragos (Villanueva de la Serena, Asociación Cultural Porticvs, 2008), Cuadernillo de plegarias (s.i., s.l., s.a [¿2009?]) y Poemas de los Cudriales (Madrid, Ediciones Vitruvio, 2011). Como suele ocurrir con aquellos aficionados a la escritura que no ejercen en el mundo literario, el trato editorial que reciben es deplorable; por la poca difusión que se da a sus textos o por la incuria con la que se despachan obras como ese Cuadernillo de plegarias, que, aparte de las numerosas erratas, no tiene ni seña de editorial ni de año. Consuela, en ese caso, que no es de lo mejor que ha escrito. Sí, sin embargo, hay hallazgos que merecen eco, como la sencillez de algunos poemas de Avisos a náufragos —«Estoy muy roto / por dentro,/ pero me he encontrado / este trocito blanco / y me he puesto a escribir.»; o la entereza de un libro de treinta y ocho textos —Poemas de los Cudriales— que fue reconocido con el IX Premio Nacional de Poesía «Ciega de Manzanares», y en el que el lector aprecia un convincente humanismo, un estar aquí sensible y esa manera de comprender la vida como «buscar la transparencia de la luz / entre las piedras.», quizá las de esas tierras de Burguillos del Cerro que localizan un conjunto de poemas que tiende a la concisión y al tono elegíaco. En Zafra, aquella tarde nubosa del primero de diciembre de 2016, José Ángel Losada ofició conmigo otra ceremonia llena de símbolos con mis amigos poetas, que seguirán encomiándome cuando bromeen con una situación como aquella en tan señalada fecha. 

lunes, abril 10, 2017

Trabajar cansa


Repite Javier Morales Ortiz (Plasencia, 1968) editorial (Ediciones de Baile del Sol) y colección (Sitio de Fuego) para mostrar, después de sus Ocho cuentos y medio, su nueva obra: Trabajar cansa (2016). Parece otro libro de relatos, de doce relatos enmarcados entre un prólogo y un epílogo; pero no, es un novela breve en la que el «Prólogo» es el primer capítulo, muy breve, de la historia, y el «Epílogo» el último, y, en mi opinión, uno de los mejores de un conjunto que se completa con seis capítulos en medio que se titulan «Amar y trabajar» y otros seis titulados «El expediente»; los doce alternos, como los días. Un buen autor de mediometrajes sacaría buen partido a esta narración. La verdad, no lo sé; yo no entiendo mucho de esto, pero a medida que iba leyendo me imaginaba la historia trasladada a imágenes. Porque la narración está montada sobre cuadros o piezas que van luego encajando —o encajándose, o rozándose—; y porque el narrador sabe administrar lo que cuenta, sabe escamotear datos y dosificar las alusiones a los «déspotas categóricos» del tiempo y del espacio de los que habló Unamuno —Amor y pedagogía. El narrador de Trabajar cansa es parco en las descripciones, a menos que sean necesarias, como cuando menciona algún elemento —la fotografía de Marilyn Monroe en el cuarto de Lidia (pág. 92). Quizá por eso me ha recordado su forma de hacerse presente la de la cámara de cine que sugiere y no se demora. El título de la novela, que retoma el Lavorare stanca de la obra poética de Cesare Pavese, y el de los capítulos de «Amar y trabajar» y «El expediente» —que alude a un expediente de regulación de empleo que se cierne sobre la agencia de viajes en la que trabajan algunos de los personajes— son las marcas de situación de un texto sobre nuestro tiempo presente, sobre un tiempo de crisis que se nos ha instalado como un huésped molesto. Javier Morales ha acertado con el tono gris de su relato y la manera contenida de contar un trozo de la vida de estas criaturas generando un interés incuestionable desde la primera frase. Y, principalmente, con el montaje de las piezas que conforman un todo compuesto, en lo que se refiere a los personajes, por triángulos —una abogada, su jefe, su marido y la amante de este—, y en lo que se refiere a la materia narrativa, por efectos de correlación, como en la vida. Así, para expresar esto, el autor ha sabido incorporar a su relato determinados reflejos sin conexión aparente, como la alusión del médico de Silvia al «Lieben und arbeiten» («Amar y trabajar») que contestó Freud a una mujer que le preguntó por su idea de la felicidad (págs. 63-64), y, muchas páginas después, casi al concluir el libro, el pensamiento de otro personaje, Nuria, sobre que el trabajo y el amor «son las dos patas con las que uno camina por la vida» (pág. 114). Debe estar satisfecho Javier Morales Ortiz por este trabajo —no por lo que muestra sino por cómo ha sabido mostrarlo—; y menos por las erratas —a las que ya he aludido al reseñar libros de Baile del Sol— del viento que «silva» furioso en la página 31 y el «Isidro» que ha usurpado el nombre de Félix en la cuarta de cubierta de la novela. De una novela corta muy bien hecha.

miércoles, abril 05, 2017

Maruchi León en Letras


Maruchi León (Cáceres, 1965) es una actriz principalmente de teatro, pero con trabajos también en el cine (La ley del deseo, de Pedro Almodóvar, entre otros títulos) y en la televisión. En este medio tuvo especial notoriedad su papel de Pili en la popular serie de Antonio Mercero Farmacia de guardia (1991). En teatro ha tenido interpretaciones destacadas en numerosos montajes, como El zoo de cristal, de Tennesse Williams, dirigido por Mario Gas, y por el que recibió en 1995 el Premio Ercilla como actriz revelación; La venganza de don Mendo, de Muñoz Seca, bajo la dirección de Gustavo Pérez Puig; La dama boba con la Compañía Nacional de Teatro Clásico y la dirección de Helena Pimenta, por el que recibió el Premio Ágora de Teatro en 2002 a la mejor actriz; etc.. En 2010 obtuvo una beca en la Academia de España en Roma que le permitió desarrollar un proyecto metodológico de «Teatro para el canto», al tiempo que participó en el Seminario Internacional de Pedagogía de la Escena del director ruso Anatoli Vasíliev, y conocer el método etjudy o método de análisis activo. Derivado de este método es el «Ensayo Grabado de Etjudy sobre Las tres hermanas de Antón Chéjov. Boceto Teatral Audiovisual», que es una pieza artística hecha en colaboración con la artista plástica Clara González Ortega sobre los monólogos de los personajes de Olga, Masha e Irina. La proyección, que contiene seis monólogos de estas figuras, con una duración de cincuenta minutos, será vista mañana jueves a las 12:00 horas, en el aula 31 de la Facultad de Filosofía y Letras, y comentada por Maruchi León. Es una actividad abierta a todo el público interesado.

lunes, abril 03, 2017

Donde poder volver

Carlos Medrano me escribía en junio de 2012, en un comentario a una entrada en mi blog sobre un libro de Olvido García Valdés: «La lectura de la poesía, Miguel Ángel, como la escritura, no se puede dar de cualquier modo o lograrse bien en cualquier momento. Requiere de un estado personal donde la sintonía con la creatividad y la intención y sensibilidad del autor se den —es decir, ser también creativa como la escritura— para que los poemas nos lleguen. Por eso también hay autores que aunque los leamos tienen poco que ver con nosotros. Lo subjetivo es importante y tiene que generarse el puente entre lo leído y nosotros, a veces nunca, y a veces al cabo de los años se nos revelan o caen otros autores. No hay verdadero lector que lea un buen libro de poemas a la carrera y lo capte del todo o bien, sino con sucesivas y agradables lecturas hasta que sin esfuerzo lógico esas palabras escritas con otra intensidad se nos abren y despliegan las sensaciones y matices. La literatura, cuanto más personal, más exige este esfuerzo, y la poesía nace desde un estado y lenguaje particular de mayor conexión intuitiva con lo contado. Es como todo, saber situarnos dentro de las zapatillas de quien escribe para entenderlo tal como al escribir quiso hacerlo, y ser capaz de disfrutar de lo artístico, que es el otro componente que sobre todo esta atrayente palabra tiene. Y todo placer se repite y se vuelve a él mientras —sin que importe el porqué— nos dice algo». Cómo admiro esta facilidad para decir las cosas y saber expresar lo que uno quiere. No sería capaz ahora de poner por escrito lo que este libro de Carlos Medrano me ha sugerido. Quizá porque llevo mucho tiempo queriendo decir algo, porque hace mucho que lo leí. No. No se trata de eso. Pero, eso sí, es muy difícil que el lector se trasponga a «las zapatillas de quien escribe» y ponerse en el lugar del escritor cuando escribió. Creo más bien en esa otra gracia creativa del lector que reproduce un acto de conocimiento. Pero también esta entrada testimonia un acto de ofrecimiento, de alguien como Juan Ricardo Montaña, que ha propiciado esta plaquette que es separata de la revista Ventana abierta, de Don Benito, y que nos devuelve las palabras de Carlos Medrano, castellano y extremeño que lleva muchos años ya en Mallorca, en la isla de lápices en la que volvió a escribir, a mostrarse, a satisfacción de sus lectores, entre los que me cuento, de los cómplices e íntimos. Me gusta leer tan pensada pieza —breve, sí, de dos docenas de textos—, con su apertura y su cierre, sus paratextos explicativos, que elevan su significación sobre la importancia que tiene lo sencillo. «Nos aferramos / a sensaciones básicas», rezan los dos primeros versos de un poema como «Alacena», que es como un brote, un extracto de un día, de un momento que se escribe. Eso me ha parecido esta lectura de Donde poder volver. Gran título para un sitio que puede abrirse cuantas veces uno quiera y leer en él.

domingo, abril 02, 2017

Novedades literarias de la AEEX

Otra muestra del buen hacer de la nueva etapa de la Asociación de Escritores Extremeños es este tercer número de sus Novedades Literarias. Narrativa, poesía, ensayo, revistas y ediciones son los apartados que comprenden esta nueva entrega. No se trata de un boletín bibliográfico de la literatura de extremeños; es —y no es poco— un acta de lo que se publica de los socios de la AEEX. Habría que ver si se puede publicar desde la asociación todo lo que sale de autores extremeños, socios y no socios. Si fuese así, la lista sería mucho más nutrida. Estoy convencido de que el compromiso de fomento de la lectura y de la cultura de la AEEX en todos estos años es merecedor de un reconocimiento institucional.

miércoles, marzo 29, 2017

Retales de marzo

© CMD 
Desde casa se oyen con metálica nitidez las campanas cuando tocan a muerto. Hoy, por ejemplo, ha debido de haber un funeral; no es por nada. Leo en un apunte de septiembre del año pasado que mi primera clase fue un martes y trece, y resultó muy bien. Además, ese día anoté que me había levantado con cuerpo de Juan Valera y scribendi cacoethes, por aquello que leí al egabrense en carta a Menéndez Pelayo. Otrosí, parece que ayer un jugador de fútbol hizo unas declaraciones contra el Real Madrid, y los medios dicen hoy que esas palabras eclipsaron uno de los mejores partidos —amistoso fue— de la era Lopetegui con el 0-2 frente a la selección de Francia. ¿De quién fue la culpa? ¿Del jugador? Nego. El grado de Filología Hispánica de mi universidad ha sacado muy buenas notas en la evaluación para la renovación de la acreditación del título; pero esto no es noticia local; ni siquiera regional. Si hubiese comparación nacional, habría que sacar pecho. Para salir en los medios habría que hacer lo que el futbolista: decir algo; lo que quiera que sea. Como ha hecho también un político al que no voy a nombrar para salir en la prensa, para que hablen de él. Y lo hacen. Tampoco fue noticia la reivindicación de un reconocimiento inmediato de la incapacidad laboral absoluta para los pacientes de cáncer con riesgo de recaída. Ha tenido que morir hace unos días Isabel Carragal, cuyo caso es de 2014, para que salga en más papeles. Los medios no se enteran; y, como no saben, nada dicen. En mi ciudad, no bajan al campus universitario —sin cabras, con muchachas que pax pacem en latín, que meriendan pas pasa pan con chocolate en griego, que saben lenguas vivas, Ángel González—, en donde todos los días —insisto, todos los días— sucede algo digno de mención en cultura y, por eso, en conocimiento. Ayer, en Badajoz, en la presentación del número doble 121-122 de la revista Turia, de marzo-mayo de 2017, Luis Landero dijo que zapeaba entre una visión optimista de la situación actual, el pesimismo con matices y la postura apocalíptica. Así estamos. Y aquí sin enterarnos. No es por nada. Menos mal que me quedan las campanas de San Juan. Porque los medios no se enteran; y de lo que no saben nada dicen. Las campanas de San Juan. Las campanas. De San Juan. San Juan.


lunes, marzo 27, 2017

Día Mundial del Teatro

Creo que tengo casi la misma edad que la costumbre de leer cada año un mensaje en el Día Mundial del Teatro. Jean Cocteau, Arthur Miller, Peter Brook, Luchino Visconti, Ionesco, Antonio Gala, Válclav Havel, Darío Fo o Anatoli Vasíliev han sido algunos de los que lo han pronunciado. Este año, la encargada de escribir ese mensaje ha sido la actriz francesa Isabelle Huppert, y este es su texto:
«Bueno, aquí estamos otra vez. Reunidos de nuevo en primavera, 55 años después de nuestra reunión fundacional, para celebrar el Día Mundial del Teatro. Un solo día, 24 horas, que comienzan de la mano del teatro NO y del Bunraku que pasan por la Ópera de Pekín y el Kathakali, brillando entre Grecia y Escandinavia, de Esquilo a Ibsen, de Sófocles a Strinberg, entre Inglaterra e Italia, de Sara Kane a Pirandello, y también Francia, donde nos encontramos, y en París, la ciudad del mundo que atrae a más grupos de teatro internacional. En esas 24 horas podemos ir de Francia a Rusia, de Racine y Molière a Chejov, e incluso atravesar el Atlántico para acabar en un campamento californiano, tentando a jóvenes a reinventar, quizás, el teatro.
De hecho, el teatro renace cada día de sus cenizas. No es sino una convención que hay que abolir incansablemente. Así es como sigue vivo. El teatro tiene una vida abundante que desafía el espacio y el tiempo, y las obras más contemporáneas se nutren de los siglos pasados, los repertorios más clásicos se hacen modernos cada vez que son representados de nuevo en escena.
El Día Mundial del Teatro no es pues, obviamente, un día cualquiera de nuestras vidas que deba ser tomado de forma banal. Hace revivir un inmenso espacio-tiempo y, para evocarlo, querría citar a un dramaturgo francés tan genial como discreto, Jean Tardieu. Hablando del espacio, se pregunta «cuál es el camino más largo para ir de un punto a otro». Sobre el tiempo, sugiere «medir, en décimas de segundo, el tiempo que se tarda en pronunciar la palabra 'eternidad''. Sobre el espacio-tiempo, también dice: «Antes de dormir, fija tu mente en dos puntos del espacio, y calcula cuánto tiempo se tarda, en un sueño, en ir de uno a otro».
Es la frase «en un sueño» la que siempre me da vueltas en la cabeza. Pareciera que Jean Tardieu y Bob Wilson se hubieran encontrado.
También podemos resumir nuestro Día Mundial del Teatro citando las palabras de Samuel Beckett, que hace decir a Winnie en su estilo expeditivo: «¡Oh, qué hermoso día habrá sido!».
Al pensar en este mensaje que tengo el honor de que me hayan pedido que escriba, he recordado todos los sueños de estas escenas. Por eso puedo decir que no he venido a esta sala de la UNESCO yo sola. Todos los personajes que he interpretado en escena me acompañan. Personajes que parecieron irse cuando caía el telón, pero que han cavado una vida subterránea en mí, dispuestos a ayudar o destruir a los personajes que les sucedieron. Fedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche Dubois.
Me acompañan también todos los personajes que he adorado y aplaudido como espectadora. Y por eso es por lo que pertenezco al mundo. Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, marsellesa, neoyorkina, filipina, argentina, noruega, coreana, alemana, austriaca, inglesa, realmente del mundo entero. Esa es la auténtica globalización.
En 1964, con ocasión de este Día Mundial del Teatro, Laurence Olivier anunció que, tras más de un siglo de lucha, por fin se acababa de crear en Inglaterra un teatro nacional que él quiso transformar inmediatamente en un teatro internacional, al menos por su repertorio. Él tenía muy claro que Shakespeare pertenecía al mundo.
Me ha encantado saber que el primer mensaje de estos Días Mundiales del Teatro, en 1962, se le confió a Jean Cocteau, por ser autor del libro La vuelta al mundo en 80 días otra vez. Yo he dado la vuelta al mundo de forma diferente. La he dado en 80 espectáculos u 80 películas. Incluyo aquí películas en las que no distingo entre hacer teatro o cine, que sorprende cada vez que lo digo pero es cierto. Ninguna diferencia.
Al hablar aquí no soy yo. No soy una actriz. Soy solo uno de esos incontables personajes gracias a los cuales el teatro sigue existiendo. Es un poco nuestro deber. Y nuestra necesidad. Cómo expresarlo... Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos.
El teatro es muy fuerte, resiste, sobrevive a todo, a las guerras, a las censuras, a la falta de dinero. Es suficiente con decir «la escena es un escenario vacío de un tiempo indeterminado» y hacer entrar a un actor. O una actriz. ¿Qué va a hacer? ¿Qué va a decir? ¿Van a hablar? El público espera, ese público sin el que no existiría el teatro, no lo olvidemos nunca. Una sola persona de público, es público. ¡Esperemos que no haya muchas sillas vacías! Salvo en la obra de Ionesco. Al final la Vieja dice: «Sí, sí, muramos en plena gloria. Muramos para entrar en la leyenda. Al menos tendremos nuestra calle».
El Día Mundial del Teatro existe desde hace ahora 55 años. En 55 años soy la octava mujer a la que se le pide pronunciar un mensaje. Bueno, no sé si la palabra «mensaje» es la adecuada. Mis predecesores (¡se impone el masculino!) hablaron del teatro de la imaginación, de libertad, del origen, evocaron la multiculturalidad, la belleza, las preguntas sin respuestas.
En 2013, hace tan solo 4 años, Darío Fo dijo: «la única solución a la crisis, reside en la esperanza de una gran caza de brujas contra nosotros, especialmente contra los jóvenes que quieren aprender el arte del teatro: así surgirá una nueva diáspora de comediantes, que hará surgir de estas limitaciones unos beneficios inimaginables para una nueva representación». Beneficios inimaginables es una fórmula digna de aparecer en un programa político, ¿no? Como estoy en París poco antes de unas elecciones presidenciales, sugeriría a aquellos que pretenden gobernarnos, que estén atentos a los beneficios inimaginables aportados por el teatro. Y por supuesto, ¡nada de caza de brujas!.
El teatro para mí es el otro, el diálogo, la ausencia de odio. La amistad entre los pueblos. No sé ahora mismo qué significa exactamente, pero creo en la comunidad, en la amistad de los espectadores y los actores, en la unión de todos a los que reúne el teatro, los que lo escriben, los que lo traducen, los que lo explican, los que lo visten, los que lo decoran, los que lo interpretan, incluso, los que van. El teatro nos protege, nos acoge. Creo de veras que nos ama tanto como le amamos.
Recuerdo a un viejo director de la vieja escuela, que antes de que se levantara el telón, entre bambalinas, decía cada noche con voz firme: «¡Paso al teatro!».
Estas serán mis últimas palabras. Gracias.»

domingo, marzo 26, 2017

«Turia» en Extremadura


La revista Turia, publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel con el patrocinio del Ayuntamiento de esa ciudad y el Gobierno de Aragón, se fundó en 1983. Su actual director, Raúl C. Maícas, fue su creador hace treinta y cuatro años. Es, claro está, una de las revistas culturales españolas más longevas; y en 2002 recibió por su trayectoria el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Yo creo que las noticias más ciertas de la revista Turia las tuve por José Antonio Zambrano, que había publicado en el número 10, de noviembre de 1988, un poema, «Decretado cielo», que luego formó parte de su libro Diario de los sitios (1995). Luego, durante todos estos años he podido seguir unos contenidos cada vez más nutridos y más abiertos, y siempre puntuales. Turia es un buen ejemplo de cómo lo local bien hecho puede llegar a divulgarse con acierto y ser modelo de calidad en todos los ámbitos. Por eso, que para el número doble 121-122 hayan elegido Extremadura —su literatura— como objeto y como sede de su presentación es una muestra de estima que aquí hemos de acoger como se merece. Así, este martes 28 de marzo se celebrará el acto de presentación de este número dedicado a Luis Landero —con un cartapacio de textos de Elvire Gomez-Vidal, Raúl Nieto de la Torre  Fernando Valls, Gonzalo Hidalgo Bayal y también del propio Landero—  y con la colaboración de un buen número de escritores extremeños, en el salón de actos —de aforo exiguo para un acto así— del MEIAC. Allí estará Luis Landero, muchos de los colaboradores en el volumen, y Álvaro Valverde, que presentará tan enjundioso número. Allí estaremos.

sábado, marzo 25, 2017

En marcha con la AECC


Mañana vamos a participar con varias amigas en la marcha que organiza en Cáceres la AECC contra el cáncer. Salimos desde la Plaza Mayor a las 10:15 horas —nosotros vamos caminando— y recorreremos cinco kilómetros «de solidaridad», como dice la promoción. Carmen ha recogido todos los dorsales de nuestro grupo y nos hemos quedado con estos números: 1627 y 1635. Curioso. Aquellas fechas de Góngora y Lope de Vega. Que salga buen día.

jueves, marzo 23, 2017

Elogio de la lectura

Del gas.
Falta un mes para el Día del Libro.

martes, marzo 21, 2017

Día de la Poesía


© Fotografía de Mabel Dordio
Hoy se ha celebrado el Día Mundial de la Poesía. Y hoy he recibido un libro de poemas de Alfonso Alegre Heitzmann, El camino del alba (Barcelona, Tusquets Editores, 2017). Qué mejor celebración. Hoy, también, en mi clase de «Textos de la literatura española contemporánea» hemos hablado de Gil de Biedma y de sus poemas. Qué mejor celebración. Además, he querido leer un poema de Ángela Figuera (1902-1984) que me parece bien expresivo de la estatura poética de esta autora poco visible en cánones y antologías. Dicho esto, hemos vuelto a «El juego de hacer versos». Que no es un juego. Y me he acordado —sin manifestarlo hasta ahora— de un profesor de Latín que tuve en el Bachillerato —«Dondo», don Domingo—, que declamaba poemas de Ángela Figuera con un paroxismo tan inapropiado para jóvenes estudiantes que nos inoculó hasta la fecha la bendita pasión por la lectura de poesía. Si he leído hoy «Belleza cruel» es por culpa de aquel profesor mío de mis diecisiete años. Hoy, también, en la Biblioteca Pública «Antonio Rodríguez-Moñino y María Brey» de Cáceres, a las 19:30 horas, se ha organizado un acto con este motivo poético. Y hoy ha difundido José María Cumbreño su homenaje en boca de sus autores de Ediciones Liliputienses, que pueden escucharse aquí. Celebración de la poesía. En el acto de la Biblioteca han leído poemas Francisco Fuentes, Teresa Guzmán Carmona, Urbano Pérez Sánchez, Irene Sánchez Carrón y Basilio Sánchez. Mucho público y buen ambiente; que se ha mantenido hasta el broche de la música sobre poemas —de Pureza Canelo, de María Rosa Vicente, de Efi Cubero, de Antonio María Flórez y de Lucía Estrada— interpretada al piano eléctrico por Juanma G. Navia con la voz de Mª Carmen Navia Alarcón. Dos horas celebrativas. Y si de celebración hablamos, el próximo viernes, día 24, en la Llibreria Laie de Barcelona, a las 19:30 horas, se presenta El camino del alba en un acto en el que Ramón Andrés, Aurelio Major y Antoni Marí conversarán con el autor sobre su obra. La he recibido esta mañana. Día Mundial de la Poesía.

domingo, marzo 19, 2017

Pérdida del ahí


Me pregunto qué puedo hacer para recomendar la lectura de un libro. Es una pregunta tonta que me respondo todos los días cuando en clase invito a la lectura de las lecturas del curso o cuando escribo en este blog sobre algunos de los libros que leo o en algunas revistas reseñas sobre más obras leídas. No es tanto el qué sino el cómo, claro está. Cómo hacerlo bien para convencer a alguien de que lea un libro. Puedo ocupar horas de clase, entradas en este blog y páginas de revistas con novedades editoriales que nunca faltan; pero saber decir una recomendación es más difícil. Me parece. Por eso, intento escribir todo lo lento que puedo. Aun así, hace ya demasiados días que me dije que no debería dejar pasar más tiempo sin acabar de escribir mis notas sobre este gran libro de Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957). Pérdida del ahí (Madrid, Ediciones Amargord, 2016) es un gran libro. Lo tengo señalado como uno de los mejores que he leído el pasado año. Retumba en el alma del lector y la conciencia del ciudadano. Es un libro tripartito con la necesidad de explicar el quehacer poético, la escritura, con la obligación de manifestarse sobre lo que pasa en la calle y con las preguntas de la cuna y la tumba. Esto me trae al Bécquer que leyó Cernuda en Donde habite el olvido. El mismo al que iniciaron sus rimas («Yo sé un himno gigante y extraño») con un texto parangonable con la intención del primer poema («Toca, toca mudez») del libro de Sánchez Santiago: «No tengo de mi lado al lenguaje» es lo primero que leemos en una sección titulada «La fruta está quieta», muy determinante, muy autorreferencial y expresiva de esa especie de entusiasmo que es ponerse a esperar la llegada del poema. Un poema como «Obligación», que abre la segunda parte titulada «Las acumulaciones», resume la intención y el sentido de esta sección de poesía y prosa poética de circunstancias —en su sentido más sublime y comprometido. El asco de lo que uno ve día a día se mezcla inevitablemente con la elegía y la expresión de la amistad. T.S.S. recupera aquí, por ejemplo, su sentido «Cuarto aniversario» sobre la muerte de su amigo Ángel Campos Pámpano. Finalmente, «Pájaros extremos» es una serie de veintitrés poemas que valen un libro, que resumen un libro, diría yo, porque el pájaro es el poeta que mira a su propio quehacer —la primera parte— y los extremos, en cierto modo, son todas las acumulaciones que la vida y su sentido nos pone delante. Su pensamiento. No es fácil que el lector comprenda a primera vista que el título de este libro de poemas de Tomás Sánchez Santiago, Pérdida del ahí —y menos con esa errata de cubierta en «pérdida» sin tilde—, es un eco de las palabras del Rey de Francia dirigiéndose a Cordelia en la escena primera del primer acto de El Rey Lear de Shakespeare: «Thou losest here, a better where to find», que, junto a otro lema de Yves Bonnefoy («De que j'ai dans mes mains, ces fleurs, ces ombres, Est-ce presque du miel, est-ce de la neige?»), encabeza la obra como epígrafe general. Ambos ponen a funcionar unas significaciones que luego se verificarán en la lectura de este libro triple, lleno de llamadas de atención sobre el lenguaje y sobre la vida, de sus zozobras y escollos, como me decía el propio T.S.S. en una carta. Como ocurre cuando uno se enfada en el aula por la falta de asistencia a clase y los que escuchan son precisamente quienes ese día han cumplido, así pasa con algunas imprecaciones poéticas de este libro, inoperantes en lectores que comparten la misma convicción humanista que surge de estas páginas. A pesar de todo, Pérdida del ahí retumba en la conciencia de este lector y reactiva sus sentidos. Mientras haya personas como Sánchez Santiago, escribió Álvaro Valverde, «la autenticidad puede ser revolucionaria». Verdad.

jueves, marzo 16, 2017

Ayer fue miércoles toda la mañana

No tuve clases. Dediqué tres horas en mi despacho a conversar de forma evaluable sobre Valle-Inclán. Mis alumnos lo llaman examen y a mí me gusta quitar hierro al asunto, aunque mi convencimiento sea férreo. Yo creo que pregunté tres veces —una en cada sesión— por qué Valle-Inclán dice —lo pone en boca de su personaje Don Estrafalario— que su estética es una superación de la risa y del llanto. Y todos responden distinto y bien. Es una satisfacción desde hace muchos años escuchar a tantos estudiantes lo que han leído y calificar un examen en el que responden a varias preguntas de todos y cada uno de los temas del programa. No conozco prueba escrita, por muy difícil que sea, que llegue a tanto. Me dio tiempo a cumplimentar otro poquito el memorial que tenemos que presentar los profesores sobre nuestra actividad docente cada cinco años. Otra prueba evaluable. Siempre lamento no haber podido hacer más por difundir lo que hacemos; pero me consuela protestar por que un papel que certifique que has participado en una feria educativa valga más que haber llevado a tu clase a un poeta a leer sus versos. Y es que la última vez había un apartado sobre compromiso con mi universidad, y suspendí. Un tres sobre diez. Lo pasé bien ayer con otros seis alumnos de los veinte que ya me han contado sus lecturas. Se esfuerzan. También encontré una nota en uno de los documentos de una de las carpetas de mi ordenador con el apunte «Crítica literaria. Escribir críticas como diarios». Aventuro que puede ser del año 1995. Mucho antes, pues, de empezar a escribir en este blog algunas notas de lecturas como si fuesen anotaciones de un diario en el que puedo permitirme contar qué he hecho la tarde que he leído el libro del que hablo o añadir a mi lectura una forma de ser. «Ayer fue miércoles toda la mañana» es un verso de un poema de Sin esperanza con convencimiento (1961), del poeta Ángel González y también, en su homenaje, el título de un blog del escritor, gestor editorial y cultural y agente literario Miguel Munárriz (Gijón, 1951).

miércoles, marzo 15, 2017

El Jardín de las Flores-Pájaro


Uno de los veneros en los que se puede comprobar cómo es la fantasía literaria del escritor e ilustrador Javier Alcaíns es su espléndida Arquitectura melancólica, una de sus obras más completas, porque representa buena parte de lo que ha escrito el autor durante muchos años, una obra que dio por concluida en mayo de 2004 y que publicó en facsímile en una tirada numerada y firmada en febrero de 2009. Después, hemos seguido conociendo al artista que ha iluminado los textos de otros —su Sepulcro en Tarquinia, de Antonio Colinas, en la Editora Regional de Extremadura, por ejemplo— o al editor —el sello de Javier Martín Santos— que ha recuperado alardes de edición como los del suizo François-Louis Schmied. Una especie de subrogación en la que lo principal es la difusión de la obra que se admira, como hacemos los profesores de literatura cuando nos apropiamos de los textos que explicamos en clase y los tratamos como clásicos, que por eso se llaman así. Lo que he leído ahora me lleva a aquel Alcaíns de Arquitectura melancólica, aunque nuevamente sea alguien que escribe para otros. En esta ocasión, él pone el texto y otro —Kamilo Guevara— las ilustraciones. Y digo mal, pues no es un texto, como dice la cubierta de este libro grande y pequeño. Alcaíns pone varios textos, los mismos —diez— que ilustraciones. Y los pone, en un sentido literal, sobre los dibujos previos de Rodrigo Pastor, que ha elegido este seudónimo que viene a coincidir no sé si voluntariamente y con k de kilo con el nombre del hijo del Che. «El día 29 de octubre de 2016 y en la ciudad de Cáceres se dio fin a esta edición del Jardín de las Flores-Pájaro, fantasía que pintó Kamilo Guevara según una revelación que tuvo un día de calor extremado y que Javier Alcaíns describió luego como mejor supo su no siempre bien domada inspiración». Así reza el colofón de El jardín de las Flores-Pájaro, que muestra otro rasgo de las creaciones de Alcaíns, la calma que impone el rigor en la tarea. La de un calígrafo y dibujante como es Javier, con un concepto insólito hoy de la relación entre trabajo y tiempo. Como el que también tiene Rodrigo Pastor —no Kamilio Guevara—, pues me apetece asociar estas nuevas creaciones a Rodrigo, directamente, sin la intermediación de otros nombres. Los dibujos tienen un aire —y no seré el único en señalarlo— a aquellos dibujos de José Ramón Sánchez para los carteles electorales del PSOE en las primeras elecciones de la nueva democracia de los setenta; y, sin duda, propician que de ellos pueda surgir un espacio —un jardín— en el que todo se vuelve diáfano, como escribe Alcaíns para presentar sus diez formas de nombrar imágenes —qué lástima no poder reproducirlas aquí—: «Ermengarda López, meretriz y vampira», «Las cuatro zascandilas» (que se llaman Melanie, Tormenta, Cunegunda y Choni), «La Fuente de las Lágrimas de Anís», «Esculturas vivientes para tardes de estío», «Rumbos posibles de las horas», «Diabólico enredo», «El río arrastra plata», «Los títeres borrachos», «La Laguna de la Luna Menguante» y «Peregrino sin norte».

domingo, marzo 12, 2017

Glorias de Zafra (XIV)


© José Gras
Le habría gustado mucho ver el jueves allí a su nieta. Allí, tan suelta, tan convencida de que le gusta lo que hace, hablando desde el estrado de aquel salón del Hotel Huerta Honda de Zafra en el que celebró su boda otra de sus nietas, ella también allí, tan fuerte y vital como siempre, tan bien. Y allí también sus cuatro hijos. Le habría gustado verlos juntos como la tarde del jueves. Mi madre habría estado en la misma primera fila desde la que yo asistí rendido y admirado —sin baba, que no me gusta, y menos que se me escurra— a una presentación del libro de Julia en la que ella, tensa por sus tareas, nerviosa y renuente antes de bajarse del coche para ir allí, se mostró feliz y tranquila por estar arropada por un público tan receptivo y numeroso. Y por un Javier M. Romagueras que introdujo su conversación con ella con una microlección magistral sobre la historieta y el dibujo para quitarse el sombrero. No se puede perder uno la exposición que hasta finales de abril se está mostrando en el Museo Pedrilla de Cáceres —Un mundo de historias en viñetas— de la extraordinaria colección personal de Javier. Él logró que Julia estuviese tranquila y elocuente y supo destacar los valores del libro; mientras que su autora mostraba imágenes de sus lecturas influyentes, de sus propios dibujos y de su destreza con el trazo cuando respondía las últimas preguntas en un acto especialmente grato para todos. Más para el que suscribe. Terminamos en El Acebuche estupendamente bien, todos, con Magda García Arenal, con Manolo Guillén —a quien presenté a Julia y le noté en los ojos la palabra Justa—, con Benito y Ruud. Recomendable. Más que recomendable. Le habría gustado mucho estar allí. Y más a mí que ella hubiese venido, como un hada madrina del tiempo y de la vida; y no decírselo a nadie, para que así, confiada, pudiera volver otro día a ver lo que hacemos. En la fotografía de José Gras, Javier Moreno Romagueras, Julia y Eva Arenales, que intervino en representación del Colectivo Manuel J. Peláez, en cuya página puede escucharse el audio del acto.

sábado, marzo 11, 2017

13 años


miércoles, marzo 08, 2017

Cáceres Express en Zafra

Mañana jueves se presenta en Zafra el libro de Julia, Cáceres Express (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2016). El acto tendrá lugar en el Hotel Huerta Honda, a las 20:00 horas. El presentador del libro será el periodista Javier Moreno Romagueras, gran experto en tebeos e historietas. Esta presentación está organizada por el Colectivo Manuel J. Peláez de Zafra.

domingo, marzo 05, 2017

El labriego salvaje, el puro verso

Es verdad que es fuerte, una barbaridad en sonoros alejandrinos: «Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos / te pareces al mundo en tu actitud de entrega. / Mi cuerpo de labriego salvaje te socava / y hace saltar al hijo del fondo de la tierra». Siempre me hacen sonreír estos versos de Pablo Neruda desde que José Agustín Goytisolo me contó aquí en Cáceres, en abril de 1996, lo que hace poco he leído en una antigua entrevista —de diciembre de 1992— con Rafael Adolfo Téllez —pero publicada en 2015 en la revista Campo de Agramante.  El autor de «Palabras para Julia», más comedido conmigo, me dijo que cómo era posible que un hombre escribiese así de una mujer. A Téllez, a propósito de una pregunta sobre la manera que los poetas tienen de tratar el amor, le respondió que le molestaba la tradición de la poesía amorosa escrita por hombres y a veces por alguna mujer imitando a los hombres. Y añadió: «La mujer es el objeto, está fuera del poema y se le canta o se le dicen cosas. Algunos son más atrevidos […], como Neruda con aquello de te pareces al mundo en tu actitud de entrega. Si soy una mujer yo me cabreo. ¿Por qué se va a entregar? Y acaba diciendo mi cuerpo de labriego salvaje te socava. Soy una mujer, se me tira encima un labriego salvaje y le pego una hostia que le vuelvo loco. Y encima la preña, hace saltar al hijo del fondo de la tierra. Este tipo de poesía a mí no me gustaba. Quería escribir otra cosa.» Hace ya más de veinte años de aquello y sigo escuchando la voz de Goytisolo al referirse, más comedido en todo —sin hostias ni preñeces— , a los versos de Neruda. Memorable.

jueves, marzo 02, 2017

De Gallardo a Unamuno


Tengo en mi biblioteca este libro de «Andrenio», el seudónimo del periodista madrideño Eduardo Gómez de Baquero. Lo compré porque contiene su ensayo sobre «Gallardo y su tiempo» (págs. 7-52), que es el que abre un conjunto de textos variados —supongo que publicados antes en la prensa— sobre literatos como Valera, Ganivet, Pardo Bazán, Blasco Ibáñez, Baroja, hispanistas como Morel Fatio y obras como El condenado por desconfiado. Cuando habla de esta pieza de Tirso, dice que «se lee menos de lo que podría creerse a los clásicos entre los mismos eruditos. Sobre todo, no se les suele leer, salvo excepciones sabias, con la lenta lectura del filólogo, que conduce a veces a inesperados descubrimientos hasta en textos conocidos y familiares. Mirar no es lo mismo que ver. Pero para ver bien es preciso mirar con atención» (pág. 164). En esa página dejé mi marca de lector, como ahora hago copiando esas líneas aquí. Y de marcas de lector va este apunte, porque mi ejemplar está lleno de ellas. La primera, el precio —«2'50 Ptas»— y la fecha de compra —«25.VI.37»—, en plena Guerra Civil, de quien fue su propietario y lector. Más lector que propietario. La segunda es una llave sobre dos renglones que contienen una obviedad: «La bibliografía de un escritor tiene dos partes: el catálogo de sus obras y el de la literatura acerca de él» (pág. 10). Más adelante, en el mismo capítulo sobre Gallardo, el lector, que expresará «Lo perdono, pues no sabe lo que dice» (pág. 28) cuando Andrenio alude a la lectura apresurada de don Marcelino Menéndez y Pelayo (M.M.P.) del Diccionario crítico-burlesco de Gallardo, se despacha con su letra esmerada: «Grandísimo canalla, cómo se conoce que no ha sentido los Heterodoxos» (pág. 19). Y luego escribe: «Aunque lo afirme no me lo creo. No comprendo la animosidad que siente por M. M. P.» (pág. 33), que tiene su hincapié, páginas después, en esto: «¿A qué viene ese afán de contradecir todas las opiniones de M. M. P. ¿Será porque es católico?» (pág. 167). Hay más anotaciones, como la que pone al pie de la página 246 del artículo sobre Unamuno: «Sta. Teresa y Pardo Bazán, Valdés y Unamuno. Este hombre es demasiado liberal». La vida de los libros. La vida de los libros con vida. Los libros y la vida. Las huellas de la lectura sobre los libros y sobre la vida.

martes, febrero 28, 2017

Cine y poesía en Letras

Mañana miércoles, primer día de marzo, la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres colabora en la promoción del cine y la difusión del Festival Solidario de Cine Español de Cáceres, que se celebrará entre el 6 y el 18 de marzo. En la Plaza Erasmus se instalará un punto de información durante toda la mañana, que culminará, a las 13:00 horas con la presentación del libro de Manuel Pacheco, El cine y otros poemas, editado por la Fundación Rebross y Notorious Ediciones, con la colaboración de la Escuela de Letras de Extremadura y la Asociación de Escritores Extremeños. Participarán en ella el decano de la Facultad, José Luis Bernal Salgado; Paco Rebollo, presidente de la Fundación; Fermín Solís, autor de las ilustraciones del libro; Javier Remedios, diseñador de la edición; y Miguel Ángel Lama. Será en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras, a las 13:00 horas. Entrada libre. A los asistentes se les obsequiará con un ejemplar del último número de la revista Versión Original.

miércoles, febrero 22, 2017

Abraham Gragera en el Aula literaria José Mª Valverde

Cuando una alumna te presta para que leas un libro de poemas de un poeta actual como Abraham Gragera la cosa funciona. Me imagino que uno ha podido contribuir de algún modo a que una joven filóloga consuma no solo la bibliografía obligada de sus estudios de máster, en cuyas clases gasta su tiempo, sino que también se dé a la lectura de la poesía y se deje caer con ganas en la presentación y recital de un libro de poemas. La cosa funciona si le doy a leer un libro que hace años recomendé aquí (Adiós a la época de los grandes caracteres, Pre-Textos, 2005), y ella me lo devuelve con otro que yo no había leído (El tiempo menos solo, Pre-Textos, 2012), del mismo autor. Igual de estupendo es que Abraham Gragera sea el próximo invitado del Aula literaria «José María Valverde». Intervendrá mañana jueves 23 de febrero, a las 19:15 horas, en el salón de actos del Palacio de la Isla, y el viernes a mediodía visitará el IES «Javier García Téllez» de Cáceres. Qué bueno si mañana Abraham Gragera leyese de El tiempo menos solo esos poemas que vuelven a preguntarse por (o imaginar) «La poesía», que vuelven a indagar sobre cómo expresar poéticamente algo (en «La oveja»), o que vuelven a recordarnos que la palabra se escribe (se inscribe) en el exuberante árbol de la tradición o en su diálogo con una contemporaneidad literaria que no es de lengua española. No en vano este hombre lee y traduce a autores que uno aún no ha leído. Abraham Gragera, mañana jueves 23 de febrero, a las 19:15 horas, en el salón de actos del Palacio de la Isla, y el viernes a mediodía en el Instituto de Educación Secundaria «Javier García Téllez» de Cáceres. 

martes, febrero 21, 2017

Bicentenario de Zorrilla

Hoy se cumplen doscientos años del nacimiento de José Zorrilla. He hablado de ello en clase. En sus impagables Recuerdos del tiempo viejo (1880), iniciados como una correspondencia con el «egregio poeta» José Velarde, como artículos-cartas publicados en El Imparcial, cuenta de esta manera aquel episodio del entierro de Larra en el que se dio a conocer: «El silencio era absoluto: el público, el más a propósito y el mejor preparado; la escena solemne y la ocasión sin par. Tenía yo entonces una voz juvenil, fresca y argentinamente timbrada, y una manera nunca oída de recitar, y rompí a leer…, pero según iba leyendo aquellos mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en los semblantes de los que absortos me rodeaban, el asombro que mi aparición y mi voz les causaba. Imaginéme que Dios me deparaba aquel extraño escenario, aquel auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella ocasión tan propicia y excepcional, para que antes del año realizase yo mis dos irrealizables delirios: creí ya imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz de mi fama, cuyas alas veía yo levantarse desde aquel cementerio, y vi el porvenir luminoso y el cielo abierto… y se me embargó la voz y se arrasaron mi ojos en lágrimas… y Roca de Togores, junto a quien me hallaba, concluyó de leer mis versos; y mientras él leía… ¡ay de mí!, perdónenme el muerto y los vivos que de aquel auditorio queden, yo ya no los veía; mientras mi pañuelo cubría mis ojos, mi espíritu había ido a llamar a las puertas de una casa de Lerma, donde ya no estaban mis perseguidos padres, y a los cristales de la ventana de una blanca alquería escondida entre verdes olmos, en donde ya no estaba tampoco la que ya me había vendido». Conozco a gente que sabe de memoria muchos versos del Tenorio —hace años Francisco Rico evocó sus juegos a este propósito con su amigo Juan Benet— y todavía queda quien recita completo el poema que comenzaba:
«Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana;
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana»
Aquel poema leído aquella tarde del 15 de febrero de 1837, en el entierro de Larra, cuando José Zorrilla no había cumplido aún los veinte años. 

lunes, febrero 20, 2017

Libros

En nada tendré estantes nuevos para mis libros. Viene el carpintero a casa. Dicen algunos que pronto me obligarán a mudarme, que me empujan, que ya no caben. Cierto. Por eso voy invadiendo otras habitaciones con estos dispares compañeros. Me he acordado de lo que leí que decía Richard Heber sobre que ningún caballero puede vivir cómodamente sin tres copias de un mismo libro. Una debe poseerla para enseñarla, y tiene que conservarla en la biblioteca de su casa de campo. Otra deberá tenerla para su lectura y consulta en su biblioteca habitual. Y como prestar un libro es algo sin duda inconveniente, deberá poseer una tercera copia al servicio de sus amigos. Tampoco hay que llegar a eso; digo yo. Mientras tanto, los libros se acumulan. Uno de los últimos que ha llegado es Estar no estando (Un viaje extremeño), de Antonio Moreno (Fundación Ortega Muñoz y Pre-Textos, 2016), que merece una lectura coterránea.

jueves, febrero 16, 2017

Acariciar el tiempo

Nada importa que hoy no sea 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, para escribir esto. Ayer encontré en una de mis carpetas de este ordenador un texto titulado «Acariciar el tiempo» que yo había enviado como contribución al libro Escritos sobre el olvido, publicado en septiembre de 2008 por «Alzhei-Cáceres», la Asociación Cacereña de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias Neurodegenerativas.  En ese libro, ilustrado con imágenes de Andrés Talavero, hay textos de Luigi Giuliani, Juan Ramón Santos, Rafael Rodríguez Niño, Alfonso Callejo Carbajo, Victoria Pineda (por sus traducciones de Eugenio Montale, D. H. Lawrence, Giuseppe Ungaretti, Billy Collins y Jeffrey Skinner), Francisco Rodríguez Criado, Sergio Lorenzo, Ana Baliñas, Rogelio Pérez Mariño, José Rincón, Laura Guerra Rey, Juan Castell Quiles, Jesús González Javier, Piti Corella, José Ramón Alonso de la Torre, María Granado Belvís, Pilar Galán, Teresa Aragón Sánchez, Pilar Bacas Leal, Victoria Caro Bravo, Diego Doncel y Fernando Pérez Escanilla. Antes de acostarme, tarde ya, anoté para este apunte de hoy el título de aquel texto, y escribí «Acariciar el sueño». La errata es significativa. Aquel texto, el siguiente:
«No recuerdo bien si aquel libro de poemas lo leí en el hospital en donde la conocí. Ella no hablaba, no se quejaba. Alguna vez, sí, pronunciaba un nombre... Su mirada perdida llenaba la habitación de una incerteza permanente, y nos sumía a los que allí estábamos en un tono gris y espeso de cielo encapotado. Tenía varios hijos, no recuerdo cuántos, numerosos, más de cuatro, que la visitaban; aunque sólo uno era el que permanecía más tiempo con ella. No recuerdo si se llamaba Ángel. Él fue, cómo no, quien me mostró el gesto que me ocupa y que ahora intento reconstruir. Era una manera sutil de acariciar el tiempo. Se acercaba al lecho en el que su madre yacía con su silencio insondable y su mirada extraña y tomaba su mano con delicadeza extrema, y permanecía así, así, acariciándola, durante varios minutos. No recuerdo cuántos. Se marcharon un día, y quedamos nosotros. Varios días después estuve imitando aquel gesto sin llegar a tan amorosa perfección; probablemente porque no estaba ella, y quien estaba, mi madre, no necesitaba la emulación de una caricia aprendida de aquel trato de días; no necesitaba, siquiera, la atención tan profunda y sentida que se presta por tan oscuro silencio. Mi madre hablaba, recordaba...; recordaba a la madre de Ángel. Creo que sí, que se llamaba Ángel, no recuerdo bien. El hospital tiene ese argumento seriado. Su historia es diaria, con su planteamiento, su nudo y su desenlace. A veces, éste es, simplemente, una despedida. Ahí te quedas tú, a la espera de un nuevo inquilino en esta historia diaria. Recuerdas quién fue, cómo se llamaba, y te quedas con ese sabor espeso de la mirada, de ella, de alguien que sabes que no recuerda que fue la protagonista de un poema de amor. Un poema como el de aquel libro que leí en el hospital. No recuerdo bien.» 

martes, febrero 14, 2017

Como una magnolia

Un profesor de Badajoz, con pruebas concluyentes, ha deducido que la vida es efímera como una magnolia; por eso, ha escrito una carta a su mujer recordándole las veces que se han querido. Pero no así, las veces que se han querido; sino los lugares y las horas, y todas las circunstancias de las veces que se han querido. La noticia es reciente, por eso es probable que haya movilizaciones y gestos para estos amantes. Un ruido incomprensible y hueco parece que ahora se escucha.

lunes, febrero 13, 2017

Mora por Moga

Feliz coincidencia. El anuncio de la visita —mañana— de Vicente Luis Mora y la reseña que Eduardo Moga ha escrito sobre el ensayo El sujeto boscoso. Tipologías subjetivas de la poesía española contemporánea entre el espejo y la notredad (1978-2015) (Iberoamericana-Vervuert, 2016), Premio Internacional de Investigación «Ángel González» de la Universidad de Oviedo.

Vicente Luis Mora en Letras


El ensayista, poeta y crítico literario Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) hablará mañana martes en la Facultad de Letras de Cáceres sobre «Formas de desdoblamiento subjetivo en los poetas del grupo del 27: de la máscara a la cáscara». Será en el aula 31 de la Facultad, a las 12:00 horas, y la entrada libre, hasta completar el aforo.

jueves, febrero 09, 2017

Julia en Agitación y Cultura


El pasado domingo me pidió Julia que no la llamase el lunes al mediodía porque iban a hacerle una entrevista para la radio con motivo de la publicación de su libro. Inmediatamente pensé en Olga Ayuso, en Agitación y Cultura, su programa, en Canal Extremadura. ¿Quién, si no [es] Olga, puede estar al tanto de lo que pasa en el mundo de la cultura de aquí y de allá? ¿Qué periodista sabe que en cultura no vale todo? ¿Quién, si no [es] ella, puede tener los reflejos de dedicar unos minutos a la muerte de Tzvetan Todorov y de José Luis Pérez de Arteaga, y también atender a la cultura local? Por eso es tan de agradecer que haya buscado un hueco para hablar de Cáceres Express. Aquí puede escucharse. Estupendo.

miércoles, febrero 08, 2017

La poesía de Ada Salas en el Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear de Cáceres


Este viernes, 10 de febrero, a las 18:30 horas, en el Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear de Cáceres (C/ Pizarro, 8) se presentarán dos publicaciones de Ada Salas (Cáceres, 1965): su libro de poemas Diez mandamientos (Madrid, La Oficina Ediciones, 2016), escrito en colaboración con el arquitecto y artista plástico Jesús Placencia (Melilla, 1964) y la antología Escribir y borrar. Antología esencial (Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2016). Poesía e imagen dialogan en este proyecto de Ada Salas con Jesús Placencia, que ya colaboraron en Ashes to ashes (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2010), catorce poemas a partir de catorce dibujos a partir de T. S. Eliot, entre los que nace un repetitivo «escribir / y borrar», «escribir / y borrar borrar borrar» y «después // difuminar / se», que da título a esa preciosa antología de la poesía y la prosa sobre poesía de Ada Salas desde 1994 a 2016, y que lleva un prólogo de José Luis Rozas («El rastro fulgurante de lo que fuera asombro») y un epílogo («Sin sentido») de la autora. La entrada será libre, hasta completar —ojalá— aforo, a las seis y media de la tarde —manda horario de museo—, habrá libros para llevar, dibujos para ver y amigos con gusto que saludar.

lunes, febrero 06, 2017

Humanidades digitales

Dirigido por los profesores de la UEX Jesús Ureña Bracero y Antonio Polo Márquez, este martes por la tarde comienza un seminario científico con el título de Filologías digitales hoy. Teoría y práctica para la docencia y la investigación. Tendrá lugar en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres y durará hasta la mañana del próximo viernes 10 de febrero. Intervendrán Elena González-Blanco («Humanidades Digitales y filologías hoy»); Bénédicte  Vauthier («Edición digital de textos modernos, edición académica genética»); Guadalupe  Nieto  Caballero («El corpus digital en el análisis de textos literarios»); el miércoles, Manuel Alvar  Ezquerra («La Biblioteca Virtual de la Filología Española (BVFE), una herramienta tecnológica al servicio de la investigación filológica»); Elena   Álvarez  Mellado («La lematización de textos»); Marta Negro  Romero («Recursos digitales para la lexicografía gallega contemporánea»); el jueves, Carlos Cabanillas Núñez («La red que vivimos peligrosamente»); Cristóbal Lozano («Humanidades digitales: etiquetado y análisis de los corpus de aprendices de segundas lenguas»); y el viernes por la mañana, Adolfo Lozano Tello («Fundamentos y tecnologías de portales Open Linked Data»); Manuel López Muñoz («El aprendizaje del filólogo digital»); y Antonio Polo Márquez («Enseñanza de fundamentos TIC para Humanidades Digitales»). Ilustra esta entrada el montaje utilizado para el programa y el cartel de este seminario, con el soneto de Quevedo «Retirado en la paz de estos desiertos», uno de los pocos poemas del autor de los que se conserva un autógrafo con múltiples enmiendas, y su transcripción y marcado TEI, a partir de una idea del profesor Jesús Ureña, primer impulsor de este encuentro.

domingo, febrero 05, 2017

Acostadero

Es posible que dijese «agostadero»; pero yo escuché «acostadero», porque a lo que el campesino se refería era al lugar al que van a dormir las ovejas. En el contexto, verdad es, cabría también la significación del lugar al que va el ganado a pastar en tiempo de sequía, en rastrojeras o en dehesas, que es lo que trae el Diccionario de la Real Academia Española; que, sin embargo, no incluye «acostadero». Pero me gustó mucho la palabra como sinónimo de dormitorio, de habitación destinada para dormir, o de alcoba, mismamente. «Estoy cansado y es tarde. Me voy al acostadero». Y aquí no se cumple del todo lo que dijo Pedro Álvarez de Miranda de que a falta de textos, «buenos, muy buenos, son los diccionarios». Porque, en este caso, hay textos; pero su mención la debemos, nuevamente, a los «buenos, muy buenos» diccionarios como el Diccionario del Español Actual, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, que me lleva a pensar en que pudiese ser posible que no escuchase mal, y que aquel hombre dijo «acostadero». Una palabra definida en Seco como «Lugar en que acostarse», y marcada como un vocablo raro. Y para la que se citan dos ejemplos: uno de Ágata ojo de gato, de Caballero Bonald («Fue asomándose a la verja hasta que la visual coincidió con el sofá […] Ya estaba encendida la luz pero no los vio ni allí ni en ningún otro posible acostadero»), y un momento de Francisco García Pavón, en el relato «Los nacionales», de 1977, en los que es evidente ese significado («La ola de beatería […] acorraló de miedo la casa de la Carmen, la del Ciego, la de las Pichelas y otros acostaderos y cuartillejos de menor entidad»). El que yo ahora le doy al decir que ya está bien de escribir que «Estoy cansado y es tarde. Me voy al acostadero».

jueves, febrero 02, 2017

Primera clase


Primera clase o última, quién sabe. Primera clase de un cuatrimestre o diezmilésima, quién sabe, después de tantos años viviendo esta sensación del primer día del actor —no finge— en una nueva función. Esta experiencia que vengo repitiendo desde hace ya treinta y un años me ayuda a comprender la paradoja de tocar el cielo y tener los pies en el suelo. Que es como yo me explico esta manera de dar las gracias a la literatura. Que lo que me ha dado tantas horas de gusto desde que comencé a disfrutar con la lectura hoy me permita tener un puesto de trabajo y ganarme la vida —como se suele decir— es un regalo, tal y como están las cosas. O, si me lo he ganado, como supongo que alguno me animará a reconocer, es una dicha, una circunstancia más que venturosa. Sea lo que sea, hoy he vuelto a clase a hablar de literatura y he vuelto a sentir cierto brillo en los ojos de quienes me escuchaban decir que estábamos en esa aula para disfrutar. Y yo les insistía en que era verdad, que iban a disfrutar; pero no conmigo, mero vicario de unos textos que realmente serán los que les darán el placer que nos ha traído aquí. Por eso no puedo comprender que un profesor advierta a sus alumnos de las dificultades que van a tener al cursar su asignatura o que les escarnezca su ignorancia, sus faltas de ortografía, sus lagunas. Es como si un médico espetase a su enfermo con una riña por no haber prevenido su mal. O, directamente, como si le dijese el primer día de clase, que no le va a curar. Por tonto. Hay que ser mala persona para no dejar pasar a tu consulta a una chavala de segundo que ha llegado tarde al examen. Para cerrar el aula y decretar que después del médico ya no pasa nadie. Creo que estoy mezclando las cosas. Lo que quería decir es que hoy ha sido otra vez mi primera clase —o última, quién sabe— y que sigo prendado de la materia que ocupa mis horas con mis alumnos.

martes, enero 31, 2017

La última lección de Unamuno


No han sido pocas las veces en las que, al hablar de los textos de Miguel de Unamuno en clase, he aludido a aquel triste episodio del llamado «Día de la Raza» en Salamanca el 12 de octubre de 1936. Entre mis carpetas está la fotocopia de la página del libro de Emilio Salcedo Vida de Don Miguel (Salamanca, Ediciones Anaya, 1964) donde se reprodujeron las anotaciones que Unamuno hizo en una cuartilla que llevaba en el bolsillo de una carta que le había escrito Enriqueta Carbonell, la esposa de un pastor evangélico llamado Atilano Coco, detenido por masón, y que finalmente fue fusilado. Así de tremendo. También tengo una copia de la tercera de ABC de 26 de noviembre de 1964 en la que José María Pemán escribió «La verdad de aquel día»; y luego utilicé lo que escribió Luciano G. Egido en su gran libro Agonizar en Salamanca (Madrid, Alianza Editorial, 1986). Ahora, el sello de Oportet Editores, que lleva con su sabiduría y erudición Emilio Pascual, publica el que puede considerarse el relato más fidedigno de lo que ocurrió aquel día, a pesar de ser una reconstrucción literaria a manera de diálogo teatral —con sus acotaciones, su tabla de personajes...— de aquel acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. O precisamente por eso, por reconstruir con rigor, a partir de los testimonios de los intervinientes, de los testimonios gráficos —prensa y fotografías— y de los testimonios de los asistentes, aquel episodio lamentable. Con el rigor y la honestidad de quien advierte de todo aquello de lo que no se tiene cabal noticia; de quien solicita en la última nota al pie de su prólogo a todo el que pueda aportar cualquier detalle sobre el asunto que tenga la amabilidad de comunicárselo: polluxhn@me.com. Se trata del libro de Pollux Hernúñez, «Venceréis, pero no convenceréis»: la última lección de Unamuno. Recreación histórica del acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936 (Madrid, Oportet Editores, 2016). No conozco a su autor; pero lo que sé de él me lleva a creer que merece que alguien escriba su biografía. Lo que sé de él lo sé —aparte de sus escritos— por Emilio Pascual, su editor en Oportet Editores, quien me habló en Cáceres de un latinista que se ha ganado la vida como traductor, que es salmantino (Salamanca, 1949) pero australiano, que sabe de teatro y de don Miguel de Unamuno... En septiembre de 1934, un Decreto del gobierno de la República española nombraba a Miguel de Unamuno Rector Vitalicio de la Universidad de Salamanca. En agosto de 1936, a propuesta del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Manuel Azaña firmaba la derogación de aquel decreto. Poco después «se celebró en el paraninfo de la Universidad de Salamanca un acto de amplia repercusión en aquel momento y del que todavía se sigue escribiendo, pues en él un hombre singular alzó su fatigada voz y acabó granjeándose el título de traidor por los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil, «los hunos y los hotros». Ese hombre se llamaba Miguel de Unamuno, había llegado a la ciudad 45 años antes, la había adoptado como suya, y desde ella lanzó a España y al mundo el grito de sus convicciones, sus angustias y sus contradicciones» (pág. 7). Así comienza este «Venceréis, pero no convenceréis»: la última lección de Unamuno, esta aportación editorial de Oportet, que prolonga su intención de reivindicar la personalidad y la obra de ese hombre con la publicación —que anunciaba el otro día El País— de un texto inédito de don Miguel, el de sus Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza, que escribe a los 24 años y que puede ser una de sus primeras obras. Esta misma tarde se ha presentado en el Ateneo de Madrid esta otra novedad. 

lunes, enero 30, 2017

El punto ciego


El móvil (1987), primer libro de Javier Cercas, contiene un relato homónimo, el más largo de los cinco que compusieron la primera edición, que trata de un tipo que decide escribir una novela. El gran éxito Soldados de Salamina (2001) es una novela que cuenta cómo puede hacerse una novela. En La velocidad de la luz (2005), Rodney Falk, el amigo del protagonista, dice a éste que en una novela lo que no se cuenta siempre es más relevante que lo que se cuenta y que en ella los silencios son más elocuentes que las palabras, y que en el fondo la mejor manera de contar una historia es no contarla. El narrador de El impostor (2014) fuerza un diálogo con su personaje, Enric Marco, para cuestionar su propio relato y, de paso, otro relato real como Soldados de Salamina. El epílogo explicativo e interrogativo de El impostor se titula «El punto ciego», que es el título que Javier Cercas ha elegido para nombrar un conjunto de ensayos sobre la novela como género, como «el género de las preguntas» (p. 55): El punto ciego. Las conferencias Weindenfield, Barcelona, Random-House, 2016. No parece esto una gran novedad para el lector de Cercas que sabe que este autor ha estado dando vueltas siempre a una misma idea que engloba el sentido de lo que un escritor hace cuando escribe. El lector que aprecia que, cuando Cercas vuelve a tratar sobre lo mismo, lo hace con la frescura del asombro de la primera vez. El libro es la reelaboración y traducción de las cuatro conferencias que Javier Cercas impartió en la Universidad de Oxford como Weidenfield Visiting Professor in Comparative Literature durante la primavera de 2015; y el origen de la expresión del título proviene del ámbito científico de la óptica, del punto ciego que el ojo humano tiene, una zona de oscuridad, un lugar a través del que no se ve nada, como ocurre —según Cercas— con una moderna tradición de novelas que contienen la paradoja de que gracias a esa zona en la que no se ve nada, esos textos ven, se iluminan. Valdría decir que la luz es la respuesta, o la pregunta o la búsqueda de una respuesta que es que no hay respuesta. La definición sucinta de la novela de punto ciego es una de las ideas recurrentes de este ensayo en cuatro partes cohesionadas precisamente por ese recurso rítmico de construcción del relato que Cercas ha utilizado en otras ocasiones en sus novelas, en virtud del cual la narración se hilvana por la reiteración de un hecho, un comentario, una idea, un detalle... O un libro, como el Quijote, que es el centro capital de un corpus de novelas del punto ciego en el que se encuentran títulos como Moby Dick, El proceso, o La ciudad y los perros, y, cómo no, la obra de Javier Cercas. A aquellos que consideren que Cercas se cita a sí mismo demasiado en este libro recordaré lo que el escritor de Ibahernando (Cáceres) escribió para el «Epílogo a la edición de 2015» de Soldados de Salamina: «Nunca he dicho […] que, si un escritor es totalmente honesto, merece la pena tener muy en cuenta lo que dice de su propia obra, porque nadie la conoce mejor que él». Claro que hay que tenerlo muy en cuenta, aunque no sea lo principal. He desarrollado esto —bueno, más bien, lo he formalizado— en la reseña «El punto ciego de la novela» que publicó la revista Turia en su número 120 (noviembre 2016-febrero 2017), págs. 428-429. Y ahora que he buscado en la red a Cercas para reproducir la imagen de la cubierta de su libro, me percato de lo chocante que resultará a muchos que solo me refiera a él por su novelística.