jueves, febrero 16, 2017

Acariciar el tiempo

Nada importa que hoy no sea 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, para escribir esto. Ayer encontré en una de mis carpetas de este ordenador un texto titulado «Acariciar el tiempo» que yo había enviado como contribución al libro Escritos sobre el olvido, publicado en septiembre de 2008 por «Alzhei-Cáceres», la Asociación Cacereña de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias Neurodegenerativas.  En ese libro, ilustrado con imágenes de Andrés Talavero, hay textos de Luigi Giuliani, Juan Ramón Santos, Rafael Rodríguez Niño, Alfonso Callejo Carbajo, Victoria Pineda (por sus traducciones de Eugenio Montale, D. H. Lawrence, Giuseppe Ungaretti, Billy Collins y Jeffrey Skinner), Francisco Rodríguez Criado, Sergio Lorenzo, Ana Baliñas, Rogelio Pérez Mariño, José Rincón, Laura Guerra Rey, Juan Castell Quiles, Jesús González Javier, Piti Corella, José Ramón Alonso de la Torre, María Granado Belvís, Pilar Galán, Teresa Aragón Sánchez, Pilar Bacas Leal, Victoria Caro Bravo, Diego Doncel y Fernando Pérez Escanilla. Antes de acostarme, tarde ya, anoté para este apunte de hoy el título de aquel texto, y escribí «Acariciar el sueño». La errata es significativa. Aquel texto, el siguiente:
«No recuerdo bien si aquel libro de poemas lo leí en el hospital en donde la conocí. Ella no hablaba, no se quejaba. Alguna vez, sí, pronunciaba un nombre... Su mirada perdida llenaba la habitación de una incerteza permanente, y nos sumía a los que allí estábamos en un tono gris y espeso de cielo encapotado. Tenía varios hijos, no recuerdo cuántos, numerosos, más de cuatro, que la visitaban; aunque sólo uno era el que permanecía más tiempo con ella. No recuerdo si se llamaba Ángel. Él fue, cómo no, quien me mostró el gesto que me ocupa y que ahora intento reconstruir. Era una manera sutil de acariciar el tiempo. Se acercaba al lecho en el que su madre yacía con su silencio insondable y su mirada extraña y tomaba su mano con delicadeza extrema, y permanecía así, así, acariciándola, durante varios minutos. No recuerdo cuántos. Se marcharon un día, y quedamos nosotros. Varios días después estuve imitando aquel gesto sin llegar a tan amorosa perfección; probablemente porque no estaba ella, y quien estaba, mi madre, no necesitaba la emulación de una caricia aprendida de aquel trato de días; no necesitaba, siquiera, la atención tan profunda y sentida que se presta por tan oscuro silencio. Mi madre hablaba, recordaba...; recordaba a la madre de Ángel. Creo que sí, que se llamaba Ángel, no recuerdo bien. El hospital tiene ese argumento seriado. Su historia es diaria, con su planteamiento, su nudo y su desenlace. A veces, éste es, simplemente, una despedida. Ahí te quedas tú, a la espera de un nuevo inquilino en esta historia diaria. Recuerdas quién fue, cómo se llamaba, y te quedas con ese sabor espeso de la mirada, de ella, de alguien que sabes que no recuerda que fue la protagonista de un poema de amor. Un poema como el de aquel libro que leí en el hospital. No recuerdo bien.» 

martes, febrero 14, 2017

Como una magnolia

Un profesor de Badajoz, con pruebas concluyentes, ha deducido que la vida es efímera como una magnolia; por eso, ha escrito una carta a su mujer recordándole las veces que se han querido. Pero no así, las veces que se han querido; sino los lugares y las horas, y todas las circunstancias de las veces que se han querido. La noticia es reciente, por eso es probable que haya movilizaciones y gestos para estos amantes. Un ruido incomprensible y hueco parece que ahora se escucha.

lunes, febrero 13, 2017

Mora por Moga

Feliz coincidencia. El anuncio de la visita —mañana— de Vicente Luis Mora y la reseña que Eduardo Moga ha escrito sobre el ensayo El sujeto boscoso. Tipologías subjetivas de la poesía española contemporánea entre el espejo y la notredad (1978-2015) (Iberoamericana-Vervuert, 2016), Premio Internacional de Investigación «Ángel González» de la Universidad de Oviedo.

Vicente Luis Mora en Letras


El ensayista, poeta y crítico literario Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) hablará mañana martes en la Facultad de Letras de Cáceres sobre «Formas de desdoblamiento subjetivo en los poetas del grupo del 27: de la máscara a la cáscara». Será en el aula 31 de la Facultad, a las 12:00 horas, y la entrada libre, hasta completar el aforo.

jueves, febrero 09, 2017

Julia en Agitación y Cultura


El pasado domingo me pidió Julia que no la llamase el lunes al mediodía porque iban a hacerle una entrevista para la radio con motivo de la publicación de su libro. Inmediatamente pensé en Olga Ayuso, en Agitación y Cultura, su programa, en Canal Extremadura. ¿Quién, si no [es] Olga, puede estar al tanto de lo que pasa en el mundo de la cultura de aquí y de allá? ¿Qué periodista sabe que en cultura no vale todo? ¿Quién, si no [es] ella, puede tener los reflejos de dedicar unos minutos a la muerte de Tzvetan Todorov y de José Luis Pérez de Arteaga, y también atender a la cultura local? Por eso es tan de agradecer que haya buscado un hueco para hablar de Cáceres Express. Aquí puede escucharse. Estupendo.

miércoles, febrero 08, 2017

La poesía de Ada Salas en el Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear de Cáceres


Este viernes, 10 de febrero, a las 18:30 horas, en el Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear de Cáceres (C/ Pizarro, 8) se presentarán dos publicaciones de Ada Salas (Cáceres, 1965): su libro de poemas Diez mandamientos (Madrid, La Oficina Ediciones, 2016), escrito en colaboración con el arquitecto y artista plástico Jesús Placencia (Melilla, 1964) y la antología Escribir y borrar. Antología esencial (Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2016). Poesía e imagen dialogan en este proyecto de Ada Salas con Jesús Placencia, que ya colaboraron en Ashes to ashes (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2010), catorce poemas a partir de catorce dibujos a partir de T. S. Eliot, entre los que nace un repetitivo «escribir / y borrar», «escribir / y borrar borrar borrar» y «después // difuminar / se», que da título a esa preciosa antología de la poesía y la prosa sobre poesía de Ada Salas desde 1994 a 2016, y que lleva un prólogo de José Luis Rozas («El rastro fulgurante de lo que fuera asombro») y un epílogo («Sin sentido») de la autora. La entrada será libre, hasta completar —ojalá— aforo, a las seis y media de la tarde —manda horario de museo—, habrá libros para llevar, dibujos para ver y amigos con gusto que saludar.

lunes, febrero 06, 2017

Humanidades digitales

Dirigido por los profesores de la UEX Jesús Ureña Bracero y Antonio Polo Márquez, este martes por la tarde comienza un seminario científico con el título de Filologías digitales hoy. Teoría y práctica para la docencia y la investigación. Tendrá lugar en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres y durará hasta la mañana del próximo viernes 10 de febrero. Intervendrán Elena González-Blanco («Humanidades Digitales y filologías hoy»); Bénédicte  Vauthier («Edición digital de textos modernos, edición académica genética»); Guadalupe  Nieto  Caballero («El corpus digital en el análisis de textos literarios»); el miércoles, Manuel Alvar  Ezquerra («La Biblioteca Virtual de la Filología Española (BVFE), una herramienta tecnológica al servicio de la investigación filológica»); Elena   Álvarez  Mellado («La lematización de textos»); Marta Negro  Romero («Recursos digitales para la lexicografía gallega contemporánea»); el jueves, Carlos Cabanillas Núñez («La red que vivimos peligrosamente»); Cristóbal Lozano («Humanidades digitales: etiquetado y análisis de los corpus de aprendices de segundas lenguas»); y el viernes por la mañana, Adolfo Lozano Tello («Fundamentos y tecnologías de portales Open Linked Data»); Manuel López Muñoz («El aprendizaje del filólogo digital»); y Antonio Polo Márquez («Enseñanza de fundamentos TIC para Humanidades Digitales»). Ilustra esta entrada el montaje utilizado para el programa y el cartel de este seminario, con el soneto de Quevedo «Retirado en la paz de estos desiertos», uno de los pocos poemas del autor de los que se conserva un autógrafo con múltiples enmiendas, y su transcripción y marcado TEI, a partir de una idea del profesor Jesús Ureña, primer impulsor de este encuentro.

domingo, febrero 05, 2017

Acostadero

Es posible que dijese «agostadero»; pero yo escuché «acostadero», porque a lo que el campesino se refería era al lugar al que van a dormir las ovejas. En el contexto, verdad es, cabría también la significación del lugar al que va el ganado a pastar en tiempo de sequía, en rastrojeras o en dehesas, que es lo que trae el Diccionario de la Real Academia Española; que, sin embargo, no incluye «acostadero». Pero me gustó mucho la palabra como sinónimo de dormitorio, de habitación destinada para dormir, o de alcoba, mismamente. «Estoy cansado y es tarde. Me voy al acostadero». Y aquí no se cumple del todo lo que dijo Pedro Álvarez de Miranda de que a falta de textos, «buenos, muy buenos, son los diccionarios». Porque, en este caso, hay textos; pero su mención la debemos, nuevamente, a los «buenos, muy buenos» diccionarios como el Diccionario del Español Actual, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, que me lleva a pensar en que pudiese ser posible que no escuchase mal, y que aquel hombre dijo «acostadero». Una palabra definida en Seco como «Lugar en que acostarse», y marcada como un vocablo raro. Y para la que se citan dos ejemplos: uno de Ágata ojo de gato, de Caballero Bonald («Fue asomándose a la verja hasta que la visual coincidió con el sofá […] Ya estaba encendida la luz pero no los vio ni allí ni en ningún otro posible acostadero»), y un momento de Francisco García Pavón, en el relato «Los nacionales», de 1977, en los que es evidente ese significado («La ola de beatería […] acorraló de miedo la casa de la Carmen, la del Ciego, la de las Pichelas y otros acostaderos y cuartillejos de menor entidad»). El que yo ahora le doy al decir que ya está bien de escribir que «Estoy cansado y es tarde. Me voy al acostadero».