sábado, marzo 25, 2017

En marcha con la AECC


Mañana vamos a participar con varias amigas en la marcha que organiza en Cáceres la AECC contra el cáncer. Salimos desde la Plaza Mayor a las 10:15 horas —nosotros vamos caminando— y recorreremos cinco kilómetros «de solidaridad», como dice la promoción. Carmen ha recogido todos los dorsales de nuestro grupo y nos hemos quedado con estos números: 1627 y 1635. Curioso. Aquellas fechas de Góngora y Lope de Vega. Que salga buen día.

jueves, marzo 23, 2017

Elogio de la lectura

Del gas.
Falta un mes para el Día del Libro.

martes, marzo 21, 2017

Día de la Poesía


© Fotografía de Mabel Dordio
Hoy se ha celebrado el Día Mundial de la Poesía. Y hoy he recibido un libro de poemas de Alfonso Alegre Heitzmann, El camino del alba (Barcelona, Tusquets Editores, 2017). Qué mejor celebración. Hoy, también, en mi clase de «Textos de la literatura española contemporánea» hemos hablado de Gil de Biedma y de sus poemas. Qué mejor celebración. Además, he querido leer un poema de Ángela Figuera (1902-1984) que me parece bien expresivo de la estatura poética de esta autora poco visible en cánones y antologías. Dicho esto, hemos vuelto a «El juego de hacer versos». Que no es un juego. Y me he acordado —sin manifestarlo hasta ahora— de un profesor de Latín que tuve en el Bachillerato —«Dondo», don Domingo—, que declamaba poemas de Ángela Figuera con un paroxismo tan inapropiado para jóvenes estudiantes que nos inoculó hasta la fecha la bendita pasión por la lectura de poesía. Si he leído hoy «Belleza cruel» es por culpa de aquel profesor mío de mis diecisiete años. Hoy, también, en la Biblioteca Pública «Antonio Rodríguez-Moñino y María Brey» de Cáceres, a las 19:30 horas, se ha organizado un acto con este motivo poético. Y hoy ha difundido José María Cumbreño su homenaje en boca de sus autores de Ediciones Liliputienses, que pueden escucharse aquí. Celebración de la poesía. En el acto de la Biblioteca han leído poemas Francisco Fuentes, Teresa Guzmán Carmona, Urbano Pérez Sánchez, Irene Sánchez Carrón y Basilio Sánchez. Mucho público y buen ambiente; que se ha mantenido hasta el broche de la música sobre poemas —de Pureza Canelo, de María Rosa Vicente, de Efi Cubero, de Antonio María Flórez y de Lucía Estrada— interpretada al piano eléctrico por Juanma G. Navia con la voz de Mª Carmen Navia Alarcón. Dos horas celebrativas. Y si de celebración hablamos, el próximo viernes, día 24, en la Llibreria Laie de Barcelona, a las 19:30 horas, se presenta El camino del alba en un acto en el que Ramón Andrés, Aurelio Major y Antoni Marí conversarán con el autor sobre su obra. La he recibido esta mañana. Día Mundial de la Poesía.

domingo, marzo 19, 2017

Pérdida del ahí


Me pregunto qué puedo hacer para recomendar la lectura de un libro. Es una pregunta tonta que me respondo todos los días cuando en clase invito a la lectura de las lecturas del curso o cuando escribo en este blog sobre algunos de los libros que leo o en algunas revistas reseñas sobre más obras leídas. No es tanto el qué sino el cómo, claro está. Cómo hacerlo bien para convencer a alguien de que lea un libro. Puedo ocupar horas de clase, entradas en este blog y páginas de revistas con novedades editoriales que nunca faltan; pero saber decir una recomendación es más difícil. Me parece. Por eso, intento escribir todo lo lento que puedo. Aun así, hace ya demasiados días que me dije que no debería dejar pasar más tiempo sin acabar de escribir mis notas sobre este gran libro de Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957). Pérdida del ahí (Madrid, Ediciones Amargord, 2016) es un gran libro. Lo tengo señalado como uno de los mejores que he leído el pasado año. Retumba en el alma del lector y la conciencia del ciudadano. Es un libro tripartito con la necesidad de explicar el quehacer poético, la escritura, con la obligación de manifestarse sobre lo que pasa en la calle y con las preguntas de la cuna y la tumba. Esto me trae al Bécquer que leyó Cernuda en Donde habite el olvido. El mismo al que iniciaron sus rimas («Yo sé un himno gigante y extraño») con un texto parangonable con la intención del primer poema («Toca, toca mudez») del libro de Sánchez Santiago: «No tengo de mi lado al lenguaje» es lo primero que leemos en una sección titulada «La fruta está quieta», muy determinante, muy autorreferencial y expresiva de esa especie de entusiasmo que es ponerse a esperar la llegada del poema. Un poema como «Obligación», que abre la segunda parte titulada «Las acumulaciones», resume la intención y el sentido de esta sección de poesía y prosa poética de circunstancias —en su sentido más sublime y comprometido. El asco de lo que uno ve día a día se mezcla inevitablemente con la elegía y la expresión de la amistad. T.S.S. recupera aquí, por ejemplo, su sentido «Cuarto aniversario» sobre la muerte de su amigo Ángel Campos Pámpano. Finalmente, «Pájaros extremos» es una serie de veintitrés poemas que valen un libro, que resumen un libro, diría yo, porque el pájaro es el poeta que mira a su propio quehacer —la primera parte— y los extremos, en cierto modo, son todas las acumulaciones que la vida y su sentido nos pone delante. Su pensamiento. No es fácil que el lector comprenda a primera vista que el título de este libro de poemas de Tomás Sánchez Santiago, Pérdida del ahí —y menos con esa errata de cubierta en «pérdida» sin tilde—, es un eco de las palabras del Rey de Francia dirigiéndose a Cordelia en la escena primera del primer acto de El Rey Lear de Shakespeare: «Thou losest here, a better where to find», que, junto a otro lema de Yves Bonnefoy («De que j'ai dans mes mains, ces fleurs, ces ombres, Est-ce presque du miel, est-ce de la neige?»), encabeza la obra como epígrafe general. Ambos ponen a funcionar unas significaciones que luego se verificarán en la lectura de este libro triple, lleno de llamadas de atención sobre el lenguaje y sobre la vida, de sus zozobras y escollos, como me decía el propio T.S.S. en una carta. Como ocurre cuando uno se enfada en el aula por la falta de asistencia a clase y los que escuchan son precisamente quienes ese día han cumplido, así pasa con algunas imprecaciones poéticas de este libro, inoperantes en lectores que comparten la misma convicción humanista que surge de estas páginas. A pesar de todo, Pérdida del ahí retumba en la conciencia de este lector y reactiva sus sentidos. Mientras haya personas como Sánchez Santiago, escribió Álvaro Valverde, «la autenticidad puede ser revolucionaria». Verdad.

jueves, marzo 16, 2017

Ayer fue miércoles toda la mañana

No tuve clases. Dediqué tres horas en mi despacho a conversar de forma evaluable sobre Valle-Inclán. Mis alumnos lo llaman examen y a mí me gusta quitar hierro al asunto, aunque mi convencimiento sea férreo. Yo creo que pregunté tres veces —una en cada sesión— por qué Valle-Inclán dice —lo pone en boca de su personaje Don Estrafalario— que su estética es una superación de la risa y del llanto. Y todos responden distinto y bien. Es una satisfacción desde hace muchos años escuchar a tantos estudiantes lo que han leído y calificar un examen en el que responden a varias preguntas de todos y cada uno de los temas del programa. No conozco prueba escrita, por muy difícil que sea, que llegue a tanto. Me dio tiempo a cumplimentar otro poquito el memorial que tenemos que presentar los profesores sobre nuestra actividad docente cada cinco años. Otra prueba evaluable. Siempre lamento no haber podido hacer más por difundir lo que hacemos; pero me consuela protestar por que un papel que certifique que has participado en una feria educativa valga más que haber llevado a tu clase a un poeta a leer sus versos. Y es que la última vez había un apartado sobre compromiso con mi universidad, y suspendí. Un tres sobre diez. Lo pasé bien ayer con otros seis alumnos de los veinte que ya me han contado sus lecturas. Se esfuerzan. También encontré una nota en uno de los documentos de una de las carpetas de mi ordenador con el apunte «Crítica literaria. Escribir críticas como diarios». Aventuro que puede ser del año 1995. Mucho antes, pues, de empezar a escribir en este blog algunas notas de lecturas como si fuesen anotaciones de un diario en el que puedo permitirme contar qué he hecho la tarde que he leído el libro del que hablo o añadir a mi lectura una forma de ser. «Ayer fue miércoles toda la mañana» es un verso de un poema de Sin esperanza con convencimiento (1961), del poeta Ángel González y también, en su homenaje, el título de un blog del escritor, gestor editorial y cultural y agente literario Miguel Munárriz (Gijón, 1951).

miércoles, marzo 15, 2017

El Jardín de las Flores-Pájaro


Uno de los veneros en los que se puede comprobar cómo es la fantasía literaria del escritor e ilustrador Javier Alcaíns es su espléndida Arquitectura melancólica, una de sus obras más completas, porque representa buena parte de lo que ha escrito el autor durante muchos años, una obra que dio por concluida en mayo de 2004 y que publicó en facsímile en una tirada numerada y firmada en febrero de 2009. Después, hemos seguido conociendo al artista que ha iluminado los textos de otros —su Sepulcro en Tarquinia, de Antonio Colinas, en la Editora Regional de Extremadura, por ejemplo— o al editor —el sello de Javier Martín Santos— que ha recuperado alardes de edición como los del suizo François-Louis Schmied. Una especie de subrogación en la que lo principal es la difusión de la obra que se admira, como hacemos los profesores de literatura cuando nos apropiamos de los textos que explicamos en clase y los tratamos como clásicos, que por eso se llaman así. Lo que he leído ahora me lleva a aquel Alcaíns de Arquitectura melancólica, aunque nuevamente sea alguien que escribe para otros. En esta ocasión, él pone el texto y otro —Kamilo Guevara— las ilustraciones. Y digo mal, pues no es un texto, como dice la cubierta de este libro grande y pequeño. Alcaíns pone varios textos, los mismos —diez— que ilustraciones. Y los pone, en un sentido literal, sobre los dibujos previos de Rodrigo Pastor, que ha elegido este seudónimo que viene a coincidir no sé si voluntariamente y con k de kilo con el nombre del hijo del Che. «El día 29 de octubre de 2016 y en la ciudad de Cáceres se dio fin a esta edición del Jardín de las Flores-Pájaro, fantasía que pintó Kamilo Guevara según una revelación que tuvo un día de calor extremado y que Javier Alcaíns describió luego como mejor supo su no siempre bien domada inspiración». Así reza el colofón de El jardín de las Flores-Pájaro, que muestra otro rasgo de las creaciones de Alcaíns, la calma que impone el rigor en la tarea. La de un calígrafo y dibujante como es Javier, con un concepto insólito hoy de la relación entre trabajo y tiempo. Como el que también tiene Rodrigo Pastor —no Kamilio Guevara—, pues me apetece asociar estas nuevas creaciones a Rodrigo, directamente, sin la intermediación de otros nombres. Los dibujos tienen un aire —y no seré el único en señalarlo— a aquellos dibujos de José Ramón Sánchez para los carteles electorales del PSOE en las primeras elecciones de la nueva democracia de los setenta; y, sin duda, propician que de ellos pueda surgir un espacio —un jardín— en el que todo se vuelve diáfano, como escribe Alcaíns para presentar sus diez formas de nombrar imágenes —qué lástima no poder reproducirlas aquí—: «Ermengarda López, meretriz y vampira», «Las cuatro zascandilas» (que se llaman Melanie, Tormenta, Cunegunda y Choni), «La Fuente de las Lágrimas de Anís», «Esculturas vivientes para tardes de estío», «Rumbos posibles de las horas», «Diabólico enredo», «El río arrastra plata», «Los títeres borrachos», «La Laguna de la Luna Menguante» y «Peregrino sin norte».

domingo, marzo 12, 2017

Glorias de Zafra (XIV)


© José Gras
Le habría gustado mucho ver el jueves allí a su nieta. Allí, tan suelta, tan convencida de que le gusta lo que hace, hablando desde el estrado de aquel salón del Hotel Huerta Honda de Zafra en el que celebró su boda otra de sus nietas, ella también allí, tan fuerte y vital como siempre, tan bien. Y allí también sus cuatro hijos. Le habría gustado verlos juntos como la tarde del jueves. Mi madre habría estado en la misma primera fila desde la que yo asistí rendido y admirado —sin baba, que no me gusta, y menos que se me escurra— a una presentación del libro de Julia en la que ella, tensa por sus tareas, nerviosa y renuente antes de bajarse del coche para ir allí, se mostró feliz y tranquila por estar arropada por un público tan receptivo y numeroso. Y por un Javier M. Romagueras que introdujo su conversación con ella con una microlección magistral sobre la historieta y el dibujo para quitarse el sombrero. No se puede perder uno la exposición que hasta finales de abril se está mostrando en el Museo Pedrilla de Cáceres —Un mundo de historias en viñetas— de la extraordinaria colección personal de Javier. Él logró que Julia estuviese tranquila y elocuente y supo destacar los valores del libro; mientras que su autora mostraba imágenes de sus lecturas influyentes, de sus propios dibujos y de su destreza con el trazo cuando respondía las últimas preguntas en un acto especialmente grato para todos. Más para el que suscribe. Terminamos en El Acebuche estupendamente bien, todos, con Magda García Arenal, con Manolo Guillén —a quien presenté a Julia y le noté en los ojos la palabra Justa—, con Benito y Ruud. Recomendable. Más que recomendable. Le habría gustado mucho estar allí. Y más a mí que ella hubiese venido, como un hada madrina del tiempo y de la vida; y no decírselo a nadie, para que así, confiada, pudiera volver otro día a ver lo que hacemos. En la fotografía de José Gras, Javier Moreno Romagueras, Julia y Eva Arenales, que intervino en representación del Colectivo Manuel J. Peláez, en cuya página puede escucharse el audio del acto.